Ser el río en todos los ríos
Daniella Blejer
El martes pasado arrancó el ciclo de cuento comparado dirigido por el colectivo Diletrantes. Tras un par de semanas de difusión logramos convocar una comunidad lectora de distintas edades, profesiones, géneros, nacionalidades y ámbitos. A modo de introducción repasamos el lugar del cuento en la cultura, un género literario que no todos acostumbran explorar ya sea por la poca difusión que tiene, por preferir el gancho de la novela o la inmediatez del ensayo. Una de las virtudes de leer cuento es que permite entrar en un universo desconocido en poco tiempo. La densidad que cobra este género al tener que expresar en pocas páginas una circunstancia digna de ser narrada suele dejar a sus lectores inquietos, alterados, conmovidos.
Tras hablar de este género literario nos asomamos de forma breve al enfoque crítico propuesto: la literatura comparada. Comparar literatura en otras lenguas permite trascender el ámbito regional para ir en pos de conexiones internacionales. Analizar temas y motivos abordados por distintos autores y épocas nos lleva a tener una visión más amplia de la cultura y la literatura. Las relaciones interdisciplinares entre la literatura con otras artes como el cine, la música o la pintura nos conduce a una mayor comprensión de los elementos estéticos que conforman una obra artística. Y los cruces entre literatura con la filosofía, la historia o el psicoanálisis permiten ampliar el sentido de la obra.
Una vez establecidas las bases de nuestro ciclo de lectura pasamos a hablar de los autores y narraciones a analizar en esta primera sesión: “A la deriva” del uruguayo Horacio Quiroga ––el gran cuentista latinoamericano y maestro de “lo extraño” a veces comparado con Edgar Allan Poe–– y “La tercera orilla del rio” de João Guimarães Rosa, escritor brasileño, autor de una de las novelas más importantes para Brasil, Gran Sertón: Veredas. ¿Qué tienen en común estos autores y sus cuentos? De entrada, ambos autores son latinoamericanos interesados en narrar el ámbito rural. Quiroga vivió muchos de sus años en la selva y Guimarães Rosa fue médico rural en la región semiárida del noreste de Brasil conocida como el Sertón. Ambos cuentistas describen la naturaleza, los animales peligrosos que se encuentran ––desde el yaracacusú, una serpiente venenosa del Paraná, hasta el yacaré, caimán de la región del Sertón–– y la inmensa soledad de los personajes pese a los vínculos familiares. Entre otras vertientes, el hilo conductor que nos permite comparar ambos cuentos es el río como escenario y metáfora.
Una vez establecida la conexión cada lector habló de su recepción de los cuentos, los vínculos encontrados y por supuesto, las diferencias. También hubo una actualización del sentido de los cuentos en el contexto propio y se fue construyendo un ambiente de calidez y confianza. Fue enriquecedor escuchar los significados que se desprendieron y cómo cada uno se vio afectado por ellos. Se cumplió en la sesión la cita de Liliana Bodoc compartida por una de las participantes: la literatura es un acto colectivo.
En resumen, y sin revelar detalles, en estas narraciones el río es el paso incesante del tiempo, la vida misma y la continuidad de esa vida. Por otro lado, el río representa el paso entre este mundo y el más allá, el tránsito hacia la muerte. Ambos utilizan este elemento de la naturaleza para expresar el temperamento de los personajes, su destino o libre albedrío, sus circunstancias. De esta apuesta, más bien regional, las narraciones se incorporan a la literatura universal. El Paraná podría ser el Aqueronte del mundo clásico, río que las almas deben cruzar para ingresar al inframundo. La tercera orilla podría ser el Sanzu del budismo japonés, río liminal que separa a los vivos de los muertos. Es en este sentido que leemos para ser otros y resistir a ser reducidos a una sola cosa.

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