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lunes, 27 de julio de 2026

Tauro

Mariana Conde


Tauro de Rufino Tamayo

 

Yo nací entre vacas, o al menos, eso me gusta decirle a la gente. Los bovinos son una presencia constante en mi vida, aunque quien ha crecido entre ellos es mi hermano que desde siempre acompaña a papá al rancho y lo ha hecho suyo. 

En la casa paterna, por donde voltees, algo te recuerda que este es un santuario dedicado a cuadrúpedos rumiantes. En lugar de nichos y virgencitas, de cruces y altares aquí hay figurillas, cuadros, trofeos, guirnaldas y mantas dedicados al mejor toro o vaca o becerro. Sombreros de vaquero, gorras con el herraje del rancho estampado en el centro, botas, camisas a cuadros. Incluso hay toros de verdad. 

No es broma, ni alucinación, en el sótano hay una bodega al fondo designada especialmente a albergar enormes tanques de acero. Están rellenos de nitrógeno y en su interior resguardan semen y embriones vacunos. Toda la vida hemos coexistido con bóvidos en potencia reposando en la panza de nuestra casa, a la espera de ser implantados en algún vientre más redondo y suave. De cuando en cuando papá baja a llevar nuevos renacuajos –así los imagino–, transferirlos de un tanque a otro o extraer algunos para el uso al que están predestinados. Desde los doce años mi hermano baja con él pero a mí no se me permite, no es cosa apta para señoritas de largas enaguas y moños: tú anda, vete a bordar, a crear quimeras con hilo y lienzo, deja las células vivas a los hombres de la casa. 

Por las noches, las diminutas moléculas me persiguen en mis pesadillas. Aparecen como pequeñas burbujas de clara de huevo que flotan tras de mí, con cuernos que salen de ellas. Yo siempre corro, pero en esta ocasión me percato de su insignificancia, entonces me calmo y tomo una en la palma de mi mano. La acerco a mis ojos, puedo ver adentro las narices dilatadas de rabia que empañan la pequeña crisálida que lo contiene. Un ¡já, toro! sale de manera involuntaria desde mi garganta. El novillo escarba la base de la membrana con su casco enfurecido, retador, como diciendo: sólo deja que salga de aquí y verás. Estallo en feas carcajadas, me burlo de la bravura inocua de aquel microbio presto a la lid. 

La siguiente noche, queriendo continuar la tortura de las bestias con quienes tuve que competir toda la vida por la atención de mi padre, visto piyama roja. Me acuesto temprano y, buscando alargar mi faena con las burbujas de diablos de cuatro patas, bebo una pócima que asegura un sueño profundo mas no inconsciente. 

Veo un toro inanimado o, más bien, una estructura oxidada disfrazada de toro con la cola tensa hacia arriba, cosa apropiada en un perro, pero ridícula en su especie. Una simulación vital que en algo me recuerda a los feos e igualmente metálicos tanques del sótano, sin embargo, rellenos de vida, o de su posibilidad, al menos.  

El torso de herrumbre no se mueve, pero me habla a través de una máscara gris, como de soldador, que deja ver sólo los ojos; no nariz, no hocico, ni dientes.  

–Soy Tauro –dice con una voz bufadora que armoniza a la perfección con su pinta–, origen infinito de todos los tauros del mundo, una fuente inagotable de garbosos astados que pueblan campo y tierra con mi linaje. Si nos dieran terreno parejo al jugarnos la vida, mis hijos dominarían la tierra. 

–¿Qué hay de tus hijas? –pregunto– De todas las hijas…

Tauro frunce el ceño, primero perplejo, luego enfurecido. Es ahora que se da cuenta del carmín de mi camisón. Revienta su armadura, humo comienza a brotar de sus anchas narinas y echa tres coces antes de estallar en una carrera estruendosa hacia mí. Yo ya estoy corriendo pero es inútil, siento el calor de su aliento en mi cuello, está a una zancada de aplastarme. 

Despierto sudando. Bajo a la cocina por un vaso de agua. En el camino veo las fotos que cuelgan a lo largo del cubo de la escalera: papá con su campeón de la raza, papá a caballo lazando una vaca, papá con mi hermano, mi hermano montando un novillo en rodeo, mi hermano solo. 

Sólo mi hermano. 

 

martes, 23 de junio de 2026

Viaje hacia el botón: el tiempo en contra en Carpentier y Fitzgerald

Mariana Conde e Ivonne Saed



Fotografía de Ivonne Saed

 

¿Qué ocurre cuando una historia decide rebelarse contra el tiempo? Tanto “Viaje a la semilla” (1944), de Alejo Carpentier, como “El curioso caso de Benjamin Button” (1922), de F. Scott Fitzgerald, hacen justo eso: invierten del curso natural de la vida y cuestionan qué significa en realidad existir. 

A primera vista, las semejanzas son evidentes. Benjamin Button nace con el aspecto y características físicas de un anciano y, conforme pasan los años, rejuvenece hasta que termina por desvanecerse en la inconsciencia neonatal. En Viaje a la semilla la historia de Marcial no comienza con el nacimiento, sino con su muerte y, a partir de ahí, su vida comienza a desandarse. La casa se reconstruye, los objetos recuperan su estado original, los acontecimientos suceden al revés y el personaje regresa gradualmente a su edad madura, la juventud, la infancia, el vientre materno y, finalmente, penetra “en un cuerpo caliente, húmedo, lleno de tinieblas”. Sin embargo, cada autor da un propósito distinto a su significado.

Fitzgerald utiliza la inversión temporal para reflexionar sobre la fragilidad de la existencia. Benjamin vive en una sociedad de convenciones rígidas que no puede comprender su peculiaridad. Cuando es niño, parece anciano; cuando alcanza la madurez intelectual y emocional, su cuerpo es joven; cuando debería acumular experiencia, pierde memoria y autonomía. La anomalía de Benjamin evidencia por igual tanto la arbitrariedad de las expectativas sobre la edad como la naturaleza de las diferentes etapas de la vida. La triste consecuencia para él es que su edad cronológica nunca coincide plenamente con el momento que está viviendo salvo por un brevísimo periodo a la mitad de su existencia.

La historia fue escrita unos años después de la Primera Guerra Mundial, época marcada por la sensación de pérdida y de la fugacidad de la juventud. Fitzgerald, una de las figuras centrales del modernismo estadounidense, era parte de una sociedad fascinada por la belleza, la novedad y el éxito material, a la cual pertenecía y criticaba a la vez. En ese contexto, Benjamin Button puede leerse como una sátira de las expectativas sociales, pero también como una meditación melancólica sobre el paso inevitable del tiempo.

Paradójicamente, aunque Benjamin rejuvenece, no escapa a su destino. Su vida, como la de cualquiera, es un camino en línea recta hacia la desaparición. A diferencia del resto de las personas, sus días sí están estrictamente contados, lo que agrega un elemento existencial inescapable: al haber nacido con las características y edad de un anciano, su tiempo en reversa marca con exactitud el momento en que devendrá su muerte o disolución. 

En Viaje a la semilla, el tiempo no es únicamente una experiencia personal, sino que arrastra todo lo que existe. El relato desafía la concepción lineal del tiempo de la tradición occidental, heredada desde Aristóteles hasta el pensamiento moderno. Carpentier rompe deliberadamente con esa lógica y trae a colación otro paradigma de tiempo: el tiempo mítico. La inversión temporal se desencadena a partir de un acto mágico y deliberado realizado por Melchor, el viejo criado negro de la familia, quien tiene un arraigo que el resto de los personajes a quienes él sirve carece. Se introduce así una visión del mundo que desafía la racionalidad dominante y recupera formas de conocimiento asociadas con las tradiciones afrocaribeñas y latinoamericanas.

Músico, a la vez que figura literaria, Carpentier describió el cuento como una “historia en retroceso”, comparable a una recurrencia musical: una composición que, al concluir, regresa a su punto de partida. Su lenguaje barroco, en ocasiones poético, contribuye a la musicalidad del relato.

El viaje de Marcial y su mundo no consiste únicamente en retroceder en el tiempo. Es, sobre todo, un regreso al origen. A medida que el relato deconstruye el acontecer, las fronteras entre pasado, presente y futuro comienzan a desdibujarse. Lo que parece terminado puede recomenzar. La flecha del tiempo se vuelve flexible, maleable.

Aquí emerge una diferencia crucial entre ambos relatos. En Fitzgerald, la inversión temporal es extraordinaria porque introduce un personaje excepcional que no coincide con las reglas del mundo, mientras que Carpentier revierte el tiempo del todo para entregarnos un orden universal alterno. En el cuento de Fitzgerald el transcurrir de una vida se revierte por razones inexplicables mientras el mundo continúa con su lógica tradicional. Carpentier, por su parte, utiliza un personaje aparentemente secundario y le otorga el poder de conducir el tiempo total de ida y vuelta a capricho y de narrar la historia desde su visión personal. Un gesto de su bastón es suficiente para encauzar los acontecimientos en la dirección que él mismo considera necesario.

Cuando Marcial regresa al vientre materno, el relato parece sugerir que nacimiento y muerte no son opuestos absolutos, sino puntos de contacto dentro de un mismo ciclo. El después de la muerte no es tan distinto del antes de nacer. Tal vez sea por esto que al final, cada cuento deja una sensación distinta. Benjamin concluye su existir diluyéndose progresivamente en la inconsciencia. El efecto es profundamente melancólico. Marcial también desaparece, pero su desaparición tiene algo de reintegración cósmica. No parece una derrota frente al tiempo, sino una reconciliación con él. Una aceleración temporal nos acerca al momento mismo de la creación mediante alusiones que recuerdan el relato del Génesis, pero en reversa:

Pero ahora el tiempo corrió más pronto, adelgazando sus últimas horas. […] Las aves volvieron al huevo en torbellino de plumas. Los peces cuajaron la hueva, dejando una nevada de escamas en el fondo del estanque. Las palmas doblaron las pencas, desapareciendo en la tierra como abanicos cerrados. Los tallos sorbían sus hojas y el suelo tiraba de todo lo que le perteneciera. […] Todo se metamorfoseaba, regresando a la condición primera.

Fitzgerald observa el tiempo desde la perspectiva de la modernidad estadounidense del siglo XX, marcada por el individualismo y la conciencia de la pérdida. Carpentier lo contempla desde una mirada latinoamericana que incorpora elementos míticos, barrocos y mestizos para imaginar una temporalidad más cercana a los ciclos de la naturaleza en los que la magia tiene cabida.

Quizás el mensaje más poderoso de ambos cuentos es que la humanidad no está definida por edades o etapas, sino por la imposibilidad de comprender el tiempo.



viernes, 19 de diciembre de 2025

De oídas y de letras en 2025

Mariana Conde

 


El mes pasado lancé una invitación a mis compañeras Diletrantes para que compiláramos un índice de nuestras lecturas favoritas de este año. Poco iba yo a imaginar –aunque tratándose de este grupo, pequé de inocente– que lo que siguió fue no una simple lista con breves descripciones, sino todo un disertar –o diletrar–  sobre géneros literarios, distintas formas de leer y el significado de los libros en nuestra vida. 

            Yo, como hice el año pasado, hablaré de obras que me acompañaron durante este, ya sea en papel, libro electrónico (yo uso el Kindle) o como audiolibro, aunque no necesariamente se publicaron en 2025. Para los no iniciados, la forma cómo elijo en qué formato abordar un libro es a veces oportunista y otras deliberado: en el primer caso, están esas lecturas que no quiero esperar a conseguir y que puedo descargar de inmediato en el lector electrónico o mi plataforma de escucha; también cuando me aparecen ofertas irresistibles en cualquier formato. Soy más intencional cuando decido cómo optimizar mis horas de literatura: si se trata de un libro del cual no estoy segura, un autor nuevo o, por el contrario, un clásico que tengo como deuda pendiente, es probable que elija escucharlos. Si es un libro que me vengo saboreando y es recomendación de alguien que me importa, lo reservo para leer en papel y tinta.

            Ideé una nueva estrategia para disfrutar de manera ininterrumpida, durante unos minutos más, mi audiolibro mañanero del gimnasio: me hice de una buena bocina contra agua (en mi caso una JBL flip) y, al salir de mi sesión de ejercicio, cambio mis audífonos por ella, que entra conmigo a la regadera y me sigue contando historias al oído mientras me baño, me seco y posteriormente cuando me unto todos los ungüentos que descubro necesita una mujer de mi edad en diversas partes de rostro y cuerpo –lista que merece su propia columna– antes de salir a enfrentar el mundo cada día. 

            Otra forma de maximizar el tiempo de lectura es aquel consejo muy viejo, pero con frecuencia olvidado, que es llevar siempre un libro en la bolsa. Salas de espera, colas, minutos mientras llega la persona con la que quedaste para un café se pasan mejor leyendo algunas páginas del volumen de tu elección. 

            Algunos de esos volúmenes, que fueron memorables para mí en estos últimos doce meses, son los siguientes:

 

La ciudad y sus muros inciertos, Haruki Murakami (Planeta Audio, 2024).

Uno de esos títulos largos que me encantan en formato de escucha, si bien demandó de mi atención activa y mucho uso del botón de retroceder para poder captar los sucesos surreales que en él se narran. Este fue un texto retrabajado de Murakami; publicado en 1980 como un cuento, el autor decidió aprovechar el encierro de la pandemia en 2020 para reescribirlo y el resultado fue esta novela de más de 600 páginas. En ella se presentan distintas dimensiones que el protagonista navega en busca de su identidad y del gran amor que conoció a sus diecisiete años y nunca pudo olvidar. Sueños, fantasmas, sombras, ciudades y murallas imaginarias se entremezclan e intrigan nuestra imaginación y entendimiento. No fue la forma más fácil de reinsentarme como lectora del autor japonés y los cambios de una realidad a otra me costaron un poco, pero al final todo valió la pena.

Nada se opone a la noche, Delphine de Vigan (Anagrama, 2019)

Desde que descubrí a de Vigan, es difícil pensar en un recuento mío que no la incluya. En este volumen autobiográfico, la autora habla de su infancia, su familia y en especial de su madre, su abuela y abuelo, personajes todos llenos de claroscuros. En una trama escrita magistralmente, se cuenta de manera llana, sin melodrama, la historia de una familia plagada por eventos de depresión, suicidio, incesto, así como también amor y fraternidad. Sucesos que nadie en la familia habría querido desenterrar, y que de Vigan afirmó: “Necesitaba escribir y no podía escribir otra cosa, nada más que eso.” Además de deleitarme con la pericia de la autora para relatar de manera magnética una historia, me hizo reflexionar sobre mi propia escritura, a ratos profundamente autoreferencial.

Los rotos, Alaíde Ventura Medina (Random House, 2019)

Premio Mauricio Achar 2019, esta novela integrada por fragmentos, vistazos hacia atrás y adelante en la vida de la protagonista, marcada por la violencia paterna que desintegró –de forma literal– a la familia y cada uno de sus miembros, está escrita de manera impecable y fresca, dinámica. A través de fotos de la infancia conservadas por su hermano, la protagonista va intentando reinterpretar su historia y dar sentido a la propia identidad y forma errática de actuar. Es un texto que cimbra y que duele, con el dolor de un país en el que la violencia intrafamiliar es cosa de todos los días y cuyas consecuencias tienen largo alcance, descritas de una forma que no me había tocado ver antes. Apenas su segunda novela, (la primera, Como Caracol, fue premio Gran Angular 2018), Ventura es una escritora que llegó para quedarse y a la que habrá que seguirle los pasos. 

Cómo desaparecer completamente, Mariana Enriquez (Anagrama, 2025)

Matías Kovac a sus dieciséis años quiere esfumarse: de su casa, de su familia rota en todos los sentidos, de su vida plagada de desgracias. No tiene amigos verdaderos, ni intereses, ni un talento. Aspira a ser más, a salir de la espiral en descenso que es su existencia y no sabe cómo hacerlo. Mariana Enriquez nos asoma sin filtros y con lenguaje poderoso, despiadado, exacto, a la miseria de un barrio del conurbado de Buenos Aires, plagado de sordidez, crimen y desesperanza, en el que Matías apenas logra mantenerse a flote, como pez nadando en una ciénaga. A lo largo de la novela queremos que Matías salga de su letargo, que rompa, que corte, que vuele, lo que sea con tal de desaparecer completamente de ahí.

The Fyodor Dostoyevsky Complete Collection (SNR Audio, 2024)

Esta joya de 266 horas grabadas me salió como sugerencia gratuita en mi cuenta de Audible y, por supuesto, no dejé de aprovecharla. Advierto que es en inglés y que ha sido complicado seguir el intricado inventario de nombres con patronímicos y apodos de los personajes de Dostoievski que, quien lo ha leído, sabe que abundan. Sin embargo, me ha dado para horas y horas de escucha y la oportunidad de repasar clásicos como Crimen y castigo, Los hermanos Karamazov y El idiota, después de lo cual aún me queda más de la mitad por disfrutar. Independientemente de si lees en inglés o te gusta Dostoyevsky, este es sólo un ejemplo de los clásicos que se pueden encontrar gratis en formato de audiolibro y electrónico también en distintas plataformas. 

Muchos otros libros pasaron por mi buró y mis oídos, –así como por mi bolso, el asiento trasero de un Uber y la fila del banco– como Las perfecciones, de Vicenzo Latronico, finalista al International Booker Prize 2005, una mirada cínica sobre la superficialidad de nuestros tiempos donde la vida debe verse como foto para Instagram; y el libro de cuentos, ganador de ese mismo premio, Heart Lamp, de Deepa Bhasthi, que me hizo recordar que la misoginia y estragos del machismo no son propiedad exclusiva de México. He de mencionar que el Booker, que siempre me había dejado grandes recomendaciones, en está ocasión me quedó a deber y aunque estos dos volúmenes tienen sus aciertos, me decepcionaron. Ahora estoy disfrutando el inicio de Tierra de empusas, la más reciente novela de Olga Tokarczuk, que promete ser tan oscura como su Sobre los huesos de los muertos, que tanto me gustó. 

Me encantaría saber si concuerdas –o aún mejor, si difieres– con esta lista y cuales han sido tus mejores lecturas de este año. Soy toda oídos (y ojos también). 

 

lunes, 26 de mayo de 2025




Mariana Conde, con su habitual agudeza, nos invita a disfrutar de su visión sobre Rosario Castellanos en Opinión 51. No se la pierdan.

https://www.opinion51.com/mariana-conde-2505-reto-rosario/