lunes, 15 de diciembre de 2025

Leer en colectivo: lo mejor del 2025

Daniella Blejer

 




Durante la pandemia tuve la iniciativa de convocar un grupo de lectura a distancia con la intención de hacer más llevadero ese tiempo sin tiempo. A la fecha el grupo sigue reuniéndose, con el constante ir y venir de sus integrantes, para transitar por los diversos enfoques históricos, geopolíticos, teóricos y estéticos con los que se puede explorar la literatura. Cada mes nos reunimos a discutir un libro, a veces con frustración y otras con deleite, pero siempre con la convicción de construir entre todos el sentido de la obra literaria. En ocasiones un libro nos sorprende por su universalidad y puede llevarnos a reflexionar sobre nuestro propio entorno o circunstancias. Leer es una experiencia individual que en nuestro caso también se ha convertido en un rico diálogo colectivo.  

En 2025 nos aventuramos por la literatura mundial desde la heterogeneidad del cuento y la novela. Durante el primer semestre batallamos con Guerra y guerra (1999) de Lázló Krasznahorkai ––recomendación de mi amiga y diletrante Ivonne Saed–– un reto que no todos disfrutaron. Algunos no pudieron con la dificultad de la novela y se dieron por vencidos, otros se desesperaron con el personaje y decidieron abandonar antes de enloquecer, sin embargo, hubo un par de lectores que la disfrutaron mucho. Mi experiencia de lectura fue difícil, a menudo me sentía perdida o dislocada entre la cascada de palabras que van de la prolepsis a la analepsis con pocos signos de puntuación; recursos que el autor utiliza para construir la poética de la novela y recrear un mundo caótico y sinsentido. Ante el lenguaje, me sentí incomunicada como el protagonista, Korin, un húngaro en Nueva York que no habla inglés. El relato dentro del relato, manuscrito que el protagonista se siente obligado a compartir con la humanidad, trata sobre las aventuras de cuatro personajes en un mundo atemporal que no deja de estar en guerra: espejo de adivinación del siglo XXI. Al enteramos que Krasznahorkai ganó el Nobel se armó el la trifulca en el chat grupal entre quienes apreciaron el libro y quienes lo odiaron.

Después de la ardua tarea de comprender a Krasznahorkai, la mayoría disfrutó la cálida prosa de El desertor (2005) de Abdulrazak Gurnah, novela recomendada por mi exalumno y amigo, Pedro Salamanca. La novela relata dos sagas familiares que transcurren en Zanzíbar, la primera durante el colonialismo británico, y la otra poco antes de la independencia. Salvo por los lectores de Ébano de Ryszard Kapuściński, sabíamos muy poco sobre la historia de la isla donde interactuaron africanos, árabes, indios y europeos. El autor logró atraparnos por su maestría al narrar, a varias voces, la vida de los personajes divididos entre sus tradiciones religiosas y culturales, y sus deseos de integrarse a la herencia colonial. Las dos historias son hilvanadas por una tercera urde: el relato autoficcional del autor, vinculado a ambas familias. El narrador/autor emigra a Londres con una beca académica mientras ocurre el golpe de estado y la guerra civil que le impedirá volver a reunirse con sus familiares. Esta novela con personajes entrañables que levanta una crítica sobre el colonialismo y sus consecuencias nos sensibilizó profundamente.

En ese primer semestre, además de estos dos gigantes, el libro de cuentos de Dahlia de la Cerda, Perras de reserva(2022), recomendada por mi amiga, la escritora Karen Karake, nos despertó mucho interés. Las historias, entrelazadas entre sí, giran en torno a personajes femeninos que logran resistir, reivindicarse o posicionarse fuera del papel de la víctima. Algunas de ellas son mujeres ambiciosas, violentas, asesinas, fresas, lumpen o buchonas que ya sea en esta vida o en el más allá obtendrán sus deseos, venganza o justicia. La prosa es ágil y desenfadada con un lenguaje que recoge la oralidad del norte y centro del país. Aunque se narre sobre feminicidio, aborto o violación, el enfoque se encuentra en la periferia del discurso feminista, pues la autora se inspiró para escribir estos cuentos en los relatos de las mujeres que entrevistó en la cárcel, mujeres que robaron, secuestraron o mataron. Una autora original a la que vale la pena seguirle la pista. 

Durante el segundo semestre de 2025 alucinamos con la multipremiada novela La vegetariana de Hang Kang (2007). La divagación colectiva nos llevó a hablar de la rigidez de la sociedad coreana, como la jerarquía de quienes comen carne y su espejo dentro de la estructura patriarcal. Un lector compartió la sospecha de Malcolm Gladwell enOutliers de esta jerarquización como factor del accidente del Vuelo 801 de Korean Air en 1997. El primer oficial y el ingeniero, por respeto al capitán, quien estaba cansado, emplearon un lenguaje educado e indirecto que no logró transmitir la urgencia de la situación. La novela de Kang nos encantó por su estrato onírico y sensual, por la rebeldía del personaje ante el deber ser del cuerpo en búsqueda de su autodeterminación. Su resistencia a comer, su deseo de convertirse en planta y de morir de inanición nos causó primero shock, y tras la discusión: empatía. Una novela que confronta, mediante el universo de la vegeteriana, el antropocentrismo y el patriarcado, que te deja más lleno de preguntas que de respuestas. 

El otro libro que nos voló la cabeza en la segunda mitad del 2025 fue Maniac de Benjamín Labatut (2023), obsequio de mi amiga Patsy Stillmann. La narración, que gira en torno a dos momentos del desarrollo de la IA, me sacó de mi área de conocimiento, de mi burbuja humanista, para relatar con originalidad y maestría la belleza de las matemáticas, los algoritmos y las teorías del juego. Es un libro que te hace pensar en qué nos hace humanos y qué sigue para la humanidad ante el imparable desarrollo de la IA. El autor  comprende el cambio de paradigmas en la ciencia y sabe expresarlo de forma literaria aunque se base en un archivo. La novela, organizada como tríptico, inicia con el relato del físico judío alemán Paul Ehrenfest, quien asustado por la tiranía del nazismo y su uso perverso de la tecnología, decide darle un balazo a su hijo con síndrome de Down y después dispararse con la misma pistola. La segunda parte trata de la vida y obra del genio matemático húngaro y judío, John von Neumann, contada a partir de múltiples personajes que convivieron con él y que van construyendo una mística en torno al personaje: un guiño y homenaje a la narrativa de su compatriota, Roberto Bolaño. La tercera trata del mito fundacional del juego chino Go, y el programa de IA, AlphaGo, desarrollado por el premio Nobel, inglés de ascendencia india, Demis Hassabis. En el grupo debatimos horas entre los optimistas de la IA y los de mirada más crítica y pesimista. Nos quedamos con la pregunta sobre nuestra necesidad de tener mitos y la incapacidad de las máquinas para generarlos.

Leer de forma individual o colectiva con gente sensible e inteligente es sumamente satisfactorio. Aunque repelen los amantes de la IA, la lectura es una actividad que nos humaniza, acerca y transforma. Es cierto que las matemáticas y los algoritmos tienen su belleza, no obstante, la experiencia humana y su escritura no pueden ser reemplazadas por una máquina. 

Antes de irnos de vacaciones leeremos el libro de cuentos titulado: Las cosas que perdimos en el fuego (2016) de Mariana Enríquez. En enero les cuento cómo nos fue.  

  

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario