De oídas y de letras en 2025
Mariana Conde
El mes pasado lancé una invitación a mis compañeras Diletrantes para que compiláramos un índice de nuestras lecturas favoritas de este año. Poco iba yo a imaginar –aunque tratándose de este grupo, pequé de inocente– que lo que siguió fue no una simple lista con breves descripciones, sino todo un disertar –o diletrar– sobre géneros literarios, distintas formas de leer y el significado de los libros en nuestra vida.
Yo, como hice el año pasado, hablaré de obras que me acompañaron durante este, ya sea en papel, libro electrónico (yo uso el Kindle) o como audiolibro, aunque no necesariamente se publicaron en 2025. Para los no iniciados, la forma cómo elijo en qué formato abordar un libro es a veces oportunista y otras deliberado: en el primer caso, están esas lecturas que no quiero esperar a conseguir y que puedo descargar de inmediato en el lector electrónico o mi plataforma de escucha; también cuando me aparecen ofertas irresistibles en cualquier formato. Soy más intencional cuando decido cómo optimizar mis horas de literatura: si se trata de un libro del cual no estoy segura, un autor nuevo o, por el contrario, un clásico que tengo como deuda pendiente, es probable que elija escucharlos. Si es un libro que me vengo saboreando y es recomendación de alguien que me importa, lo reservo para leer en papel y tinta.
Ideé una nueva estrategia para disfrutar de manera ininterrumpida, durante unos minutos más, mi audiolibro mañanero del gimnasio: me hice de una buena bocina contra agua (en mi caso una JBL flip) y, al salir de mi sesión de ejercicio, cambio mis audífonos por ella, que entra conmigo a la regadera y me sigue contando historias al oído mientras me baño, me seco y posteriormente cuando me unto todos los ungüentos que descubro necesita una mujer de mi edad en diversas partes de rostro y cuerpo –lista que merece su propia columna– antes de salir a enfrentar el mundo cada día.
Otra forma de maximizar el tiempo de lectura es aquel consejo muy viejo, pero con frecuencia olvidado, que es llevar siempre un libro en la bolsa. Salas de espera, colas, minutos mientras llega la persona con la que quedaste para un café se pasan mejor leyendo algunas páginas del volumen de tu elección.
Algunos de esos volúmenes, que fueron memorables para mí en estos últimos doce meses, son los siguientes:
La ciudad y sus muros inciertos, Haruki Murakami (Planeta Audio, 2024).
Uno de esos títulos largos que me encantan en formato de escucha, si bien demandó de mi atención activa y mucho uso del botón de retroceder para poder captar los sucesos surreales que en él se narran. Este fue un texto retrabajado de Murakami; publicado en 1980 como un cuento, el autor decidió aprovechar el encierro de la pandemia en 2020 para reescribirlo y el resultado fue esta novela de más de 600 páginas. En ella se presentan distintas dimensiones que el protagonista navega en busca de su identidad y del gran amor que conoció a sus diecisiete años y nunca pudo olvidar. Sueños, fantasmas, sombras, ciudades y murallas imaginarias se entremezclan e intrigan nuestra imaginación y entendimiento. No fue la forma más fácil de reinsentarme como lectora del autor japonés y los cambios de una realidad a otra me costaron un poco, pero al final todo valió la pena.
Nada se opone a la noche, Delphine de Vigan (Anagrama, 2019)
Desde que descubrí a de Vigan, es difícil pensar en un recuento mío que no la incluya. En este volumen autobiográfico, la autora habla de su infancia, su familia y en especial de su madre, su abuela y abuelo, personajes todos llenos de claroscuros. En una trama escrita magistralmente, se cuenta de manera llana, sin melodrama, la historia de una familia plagada por eventos de depresión, suicidio, incesto, así como también amor y fraternidad. Sucesos que nadie en la familia habría querido desenterrar, y que de Vigan afirmó: “Necesitaba escribir y no podía escribir otra cosa, nada más que eso.” Además de deleitarme con la pericia de la autora para relatar de manera magnética una historia, me hizo reflexionar sobre mi propia escritura, a ratos profundamente autoreferencial.
Los rotos, Alaíde Ventura Medina (Random House, 2019)
Premio Mauricio Achar 2019, esta novela integrada por fragmentos, vistazos hacia atrás y adelante en la vida de la protagonista, marcada por la violencia paterna que desintegró –de forma literal– a la familia y cada uno de sus miembros, está escrita de manera impecable y fresca, dinámica. A través de fotos de la infancia conservadas por su hermano, la protagonista va intentando reinterpretar su historia y dar sentido a la propia identidad y forma errática de actuar. Es un texto que cimbra y que duele, con el dolor de un país en el que la violencia intrafamiliar es cosa de todos los días y cuyas consecuencias tienen largo alcance, descritas de una forma que no me había tocado ver antes. Apenas su segunda novela, (la primera, Como Caracol, fue premio Gran Angular 2018), Ventura es una escritora que llegó para quedarse y a la que habrá que seguirle los pasos.
Cómo desaparecer completamente, Mariana Enriquez (Anagrama, 2025)
Matías Kovac a sus dieciséis años quiere esfumarse: de su casa, de su familia rota en todos los sentidos, de su vida plagada de desgracias. No tiene amigos verdaderos, ni intereses, ni un talento. Aspira a ser más, a salir de la espiral en descenso que es su existencia y no sabe cómo hacerlo. Mariana Enriquez nos asoma sin filtros y con lenguaje poderoso, despiadado, exacto, a la miseria de un barrio del conurbado de Buenos Aires, plagado de sordidez, crimen y desesperanza, en el que Matías apenas logra mantenerse a flote, como pez nadando en una ciénaga. A lo largo de la novela queremos que Matías salga de su letargo, que rompa, que corte, que vuele, lo que sea con tal de desaparecer completamente de ahí.
The Fyodor Dostoyevsky Complete Collection (SNR Audio, 2024)
Esta joya de 266 horas grabadas me salió como sugerencia gratuita en mi cuenta de Audible y, por supuesto, no dejé de aprovecharla. Advierto que es en inglés y que ha sido complicado seguir el intricado inventario de nombres con patronímicos y apodos de los personajes de Dostoievski que, quien lo ha leído, sabe que abundan. Sin embargo, me ha dado para horas y horas de escucha y la oportunidad de repasar clásicos como Crimen y castigo, Los hermanos Karamazov y El idiota, después de lo cual aún me queda más de la mitad por disfrutar. Independientemente de si lees en inglés o te gusta Dostoyevsky, este es sólo un ejemplo de los clásicos que se pueden encontrar gratis en formato de audiolibro y electrónico también en distintas plataformas.
Muchos otros libros pasaron por mi buró y mis oídos, –así como por mi bolso, el asiento trasero de un Uber y la fila del banco– como Las perfecciones, de Vicenzo Latronico, finalista al International Booker Prize 2005, una mirada cínica sobre la superficialidad de nuestros tiempos donde la vida debe verse como foto para Instagram; y el libro de cuentos, ganador de ese mismo premio, Heart Lamp, de Deepa Bhasthi, que me hizo recordar que la misoginia y estragos del machismo no son propiedad exclusiva de México. He de mencionar que el Booker, que siempre me había dejado grandes recomendaciones, en está ocasión me quedó a deber y aunque estos dos volúmenes tienen sus aciertos, me decepcionaron. Ahora estoy disfrutando el inicio de Tierra de empusas, la más reciente novela de Olga Tokarczuk, que promete ser tan oscura como su Sobre los huesos de los muertos, que tanto me gustó.
Me encantaría saber si concuerdas –o aún mejor, si difieres– con esta lista y cuales han sido tus mejores lecturas de este año. Soy toda oídos (y ojos también).

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