jueves, 29 de mayo de 2025

Graciela Iturbide

Virginia Hernández Reta







Cuando se abrió el baño de Frida Kahlo, Graciela Iturbide fotografió el reducido espacio de azulejos blancos y lo que ahí se guardaba: las ropas usadas, los corsés vacíos, las muletas abandonadas de una pintora que no necesitó pies porque tenía alas para volar. La cámara de Graciela pudo ver el mundo interior de Frida, como también logró develar esos universos íntimos cuando en los años 70 retrató a los pueblos seris, o cuando fotografió entierros de niños y jóvenes que le recordaban la pérdida de su propia hija, o cuando inmortalizó a la mujer juchiteca que, como Frida, se adornó la cabeza, no con flores, sino con iguanas. 

Graciela tiene una debilidad por los pájaros. Quizá por eso, y como a Frida, lo que no le faltan son alas. Diletrantes se congratula por el Premio Princesa de Asturias 2025 que recibió Graciela Iturbide y por todos los reconocimientos que le han de venir. 


 

 

{} Cómo me volví lectora

Primera parte

Virginia Hernández Reta




 

Primeras letras: el hechizo

Me volví lectora porque antes me volví “escuchadora”. Mi madre me contaba cuentos. Mi abuela me contaba su vida. A ella le debo el primer deslumbramiento ante el poder de la palabra. Era una gran conversadora con un gran dejo de actriz dramática. Así que amé las palabras mucho antes de leer.

Recuerdo bien el primer libro preescolar que tuve en mis manos. Era un pequeño cuadernillo con ilustraciones de animales bebés y sus mamás. Había que relacionar las columnas entre la mamá osa y el osezno, la mamá caballo y el potro, la mamá cabra y el cabrito. Tenía otros libros en casa, pero este cuadernillo representaba un oasis en medio del desierto de una escuela exigente. Cada vez que la maestra de preprimaria decía “Saquen su cuadernillo de animales”, me llenaba de gozo. Descubrí el placer de la lectura, aun cuando no había visto ninguna letra impresa.

Me inicié en la lectura a través de los cuentos. Mi abuela me regaló “La pequeña vendedora de fósforos”, de Hans Christian Andersen, un hermoso volumen de una historia terrible, la de una niña pobre que muere congelada el día de Navidad y su abuela, también muerta, la lleva al cielo. Me pareció inquietante que fuera precisamente mi abuela la que me regalara esa historia, y que todavía me haya dicho: “Para que te acuerdes de mí.” Y sí, me acuerdo de ella. De esa misma serie, me regalaron “Hansel y Gretel” y “La bella durmiente”, de las que amaba las ilustraciones, en realidad fotografías de pequeños montajes con muñecos de tela.

Mi madre me permitió adueñarme de unos libros antiguos: los relatos infantiles que ella leyó de chica. Era una serie impresa en un papel grueso y marrón, con ilustraciones tristes y oscuras, muy al estilo de los grabados del siglo XIX. La colección de cuentos del mundo dedicaba un volumen a cada tema: desde los hermanos Andersen, hasta las fábulas populares africanas, los cuentos portugueses y los relatos de hadas rusos, con la temible bruja Baba-Yaga que vivía en una cabaña sostenida por una pata de gallina. Descubrí que ninguno era del todo feliz -en el mejor de los casos- y que algunos, incluso, le ponían limón a la herida, haciendo ver completamente trágica la existencia humana.

Más tarde, mi madre nos regaló a mis hermanos y a mí otra serie, más moderna, ya no editada en plena Segunda Guerra Mundial, sino en los 70. Cuatro volúmenes del Readers Digest: Los mejores cuentos de hadas del mundo, que incluían desde el sarcástico relato “El traje nuevo del emperador” -con el que aprendí a desconfiar de los gobernantes-, hasta la inquietante fábula española “Medio pollito”. También leí la historia del temperamental Rumpelstiltskin y ya, desde entonces, me pareció que las princesas eran un poco mañosas, como aquella que no puede dormir sólo porque debajo de sus cinco colchones hay un guisante -en México, un chícharo, pero los libros infantiles generalmente estaban editados en España con ese español castizo.

De la misma época era otra serie española, un tanto siniestra, de libritos minúsculos que enseñaban virtudes a los niños a costa de mostrar lo terribles que eran los defectos correspondientes. Me acuerdo especialmente de “Luisita lengualarga”, una niña imprudente que no dejaba de hablar y a la que -toda la narración muy rimada-, terminaban por cortarle la lengua. Después resultaba, claro, que era un sueño, pero que servía para que Luisita aprendiera a cerrar la boca. Curioso que recuerde ese relato en particular, cuando yo, en el colegio, casi no hablaba. Lo importante es que, con toda esa literatura infantil, me volví adicta al viaje en el tiempo y el espacio que supone la breve frase “Había una vez”…

 

Luego vendrá la escuela primaria y el descubrimiento de las tramas. ¿Qué hace que una historia sea memorable? Pero eso será en el próximo capítulo.

lunes, 26 de mayo de 2025




Mariana Conde, con su habitual agudeza, nos invita a disfrutar de su visión sobre Rosario Castellanos en Opinión 51. No se la pierdan.

https://www.opinion51.com/mariana-conde-2505-reto-rosario/

lunes, 19 de mayo de 2025

:: Reseña
El terror ciego de la multitud
Ivonne Saed





Hace un mes falleció uno de los escritores más interesantes de la literatura del siglo pasado y de nuestro siglo. Como homenaje luctuoso, me parece que corresponde regresar a leer algunas de sus obras y comentarlas aquí. 

Mario Vargas Llosa (1936–2025), quien recibió el Premio Nobel de Literatura y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, entre muchos otros galardones, escribió una obra extensa y variada. Por medio de sus novelas nos mostró un poco de su propia vida y mucho sobre las profundidades que originaron movimientos políticos en Latinoamérica. Entre sus obras más conocidas están Conversación en La CatedralLa fiesta del chivoLa guerra del fin del mundo y La tía Julia y el escribidor. Sin embargo, como homenaje a la variedad de su producción, hoy quiero detenerme en dos de sus novelas menos conocidas, pero no por ello menores. Una es El hablador y la otra es Lituma en los Andes.

En El hablador Vargas Llosa nos lleva de la mano por la vida de los machiguengas, una tribu nómada ubicada en algún lugar remoto de la selva amazónica y a la que la cultura occidentalizada de las urbes no ha tocado. Sus miembros viven como cazadores y recolectores, en constante movimiento, y poseen una sabiduría ancestral que han conservado en gran parte gracias a su aislamiento. Vargas Llosa introduce a un personaje citadino quien “descubrirá” a este pueblo originario. Mascarita está obsesionado por conocer más sobre los machiguengas y gradualmente incorpora el sentido de los rituales y el andar de éstos en su propio pensamiento. La novela habla de una época específica en el Perú, en la segunda parte del siglo pasado, y los contrastes entre la ciudad de Lima de esa época y el Amazonas establecen una tensión entre los diferentes hilos que tejen a esta sociedad más diversa de lo que sus propios pobladores quisieran aceptar. No conforme con esto, el autor establece una relación metafórica entre un mito bíblico y las costumbres nómadas de los machiguengas y, con ello, le recuerda al lector la manera en que los ciclos humanos se cumplen puntuales una y otra vez.

Lituma en los Andes parece ser una novela mucho más aterrizada en hechos reales, en la historia comprobable. Situada durante la época de Sendero Luminoso, esta novela también habla de mitos y creencias, así como de la manera en que se puede explotar la fe de las personas para inducir miedo y enraizar así un poder tajante y devastador, difícil de combatir. Comunidades enteras colaboran con sus potenciales verdugos con el fin de protegerse, y el autoritarismo así prospera con gran éxito, respaldado por una multitud ensordecida y cómplice.

Si bien estas dos novelas parecen abordar temáticas distintas, en realidad ambas se complementan para contar una historia más amplia no sólo del Perú, sino de la humanidad en general. Ambas novelas muestran cómo el comportamiento de una sociedad puede ser el nudo de la soga alrededor de su propio cuello colectivo. Hoy más que nunca resulta útil volver a leer estas obras que mucho pueden ofrecer como comentario y advertencia sobre lo que vivimos hoy en tantas latitudes de nuestro planeta. 

Te invito a leer dos textos de mi autoría para profundizar más sobre estas novelas de Vargas Llosa:

https://www.saedgraphic.com/on-el-hablador-the-storyteller-by-mario-vargas-llosa

https://www.saedgraphic.com/on-vargas-llosa-s-lituma-en-los-andes-death-in-the-andes