Graciela Iturbide
Virginia Hernández Reta
Cuando se abrió el baño de Frida Kahlo, Graciela Iturbide fotografió el reducido espacio de azulejos blancos y lo que ahí se guardaba: las ropas usadas, los corsés vacíos, las muletas abandonadas de una pintora que no necesitó pies porque tenía alas para volar. La cámara de Graciela pudo ver el mundo interior de Frida, como también logró develar esos universos íntimos cuando en los años 70 retrató a los pueblos seris, o cuando fotografió entierros de niños y jóvenes que le recordaban la pérdida de su propia hija, o cuando inmortalizó a la mujer juchiteca que, como Frida, se adornó la cabeza, no con flores, sino con iguanas.
Graciela tiene una debilidad por los pájaros. Quizá por eso, y como a Frida, lo que no le faltan son alas. Diletrantes se congratula por el Premio Princesa de Asturias 2025 que recibió Graciela Iturbide y por todos los reconocimientos que le han de venir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario