Libros que marcaron mi 2025
Virginia Hernández Reta
Antes, hace mucho, leía de forma monógama. Me consagraba a un libro, en la salud y en la enfermedad, en lo próspero y en lo adverso, lo amaba y lo respetaba por todos los días de lectura. Hoy, ya en la adultez tardía, mis relaciones con los libros son poliamorosas: cuando estoy de humor de uno, dejo al otro; cuando quiero conversar con ese otro, dejo colgado al uno. Sin embargo, la poligamia lectora tiene sus desventajas: una de éstas, me tardo más en acabar cualquier libro y mi mesa de noche se pierde bajo una torre de volúmenes en dudoso equilibrio. Así que recomendaré algunos con los que en este 2025 mantengo relaciones.
Como cada año, he leído menos de lo que debería y quisiera. En mi sobrecargado buró descansan la hermosa edición de ¿Soy una snob? y otros ensayos de Virginia Woolf (Editorial Alma, 2024), que recibí de regalo el diciembre pasado de mi amiga Mayán; el libro infantil Leche del sueño, escrito e ilustrado por Leonora Carrington (Fondo de Cultura Económica, 2024), y que encontré en la FILUNI en la UNAM hace unos meses; también el precioso Braiding Sweetgrass de Robin Wall Kimmerer (Milkweed Editions, 2020), un libro que retoma la sabiduría de los primeros moradores canadienses, y que fue otro regalo, esta vez de mi hija. ¿Cómo decidir mis libros favoritos de 2025 si también me encantó el macabro, divertido y minúsculo álbum ilustrado de Edward Gorey, tan gore como su apellido, y regalo de Ivonne Saed —que conoce mi gusto por las insólitas ilustraciones— y en el que Edward dibuja niños que perecen por muertes que riman con sus nombres (The Gashleycrumb Tinies, HarperCollins Publishers, 1997)?
Ateniéndose a que no se me da la síntesis, y a que ya he hablado de mi terrible indecisión para escoger entre varias cosas, las Diletrantes me pidieron escribir sobre dos o tres de mis libros favoritos este año, así que recomendaré cuatro (no pude decidirme por menos):
1. NOVELA
Verano, de J.M. Coetzee (Mondadori, 2010). Se trata de una autobiografía que me sorprendió por la manera novedosa en que el autor se inventa varias voces —un periodista que toma notas, mujeres que fueron amores de Coetzee y que aceptan entrevistas imaginadas con el periodista imaginado— para armar las memorias del escritor sudafricano en la década de los 70 en Ciudad del Cabo. Coetzee hace autoficción mientras refleja el inadmisible racismo del Apartheid —sin embargo solapado por todo el mundo en pleno siglo XX. Una extraordinaria manera de hablar de sí mismo por medio de otros que uno se ha inventado. ¿No es tentador?
2. CUENTO
Nadie es más de aquí que tú (Debolsillo, 2025), de la escritora, cineasta y artista multidisciplinaria Miranda July. Fue otro regalo, éste de Mariana Conde. Un libro de cuentos desaforados, de imaginación desbordante, perturbadores, llenos de soledad y desasosiego, pero también de ternura e hilarante sentido del humor. Para muestra un botón, o más precisamente, una línea: una joven decide dar clases de natación a tres ancianos ¡en la cocina de su departamento! Y ese es sólo el comienzo.
3. LIBRO DE ARTE
Frida: Love and Pain de la fotógrafa Ishiuchi Miyako. Este fue un hallazgo en más de un sentido, y lo será para quien pueda conseguirlo, pues sólo está editado en Japón. Se trata de una hermosa publicación de las fotografías que Ishiuchi hizo en la Casa Azul en 2012 por encargo del Museo Frida Kahlo. De las imágenes que no se usaron para el libro que publicó el Museo nace este otro. Ropa, accesorios, zapatos y cosméticos de la pintora dejan ver, no el lado colorido y optimista de Kahlo, sino una Frida más oscura: su antifaz para dormir, sus guantes de noche, su cepillo de dientes gastado, sus zapatos de tacón desigual; sus mocasines, uno con la punta cortada para poder usarlo después de que le amputaran los dedos, sus lentes oscuros, su esmalte rojo de uñas, sus pastillas para el dolor… La fotógrafa que retrató la ropa de las víctimas de Hiroshima o las de su madre muerta, plasma las pertenencias de Frida con la misma oscura nostalgia. Una belleza.
4. LIBRO OBJETO
No importa feria, librería o biblioteca, siempre acabo en la sección infantil. En la FIL de Guadalajara 2024 rondaba los estantes cuando me encontré una pepita de oro, una minúscula joya, un pequeño libro gozoso y lúdico.Lost in Translation. Again (Libros del Zorro Rojo, 2016), escrito y deliciosamente ilustrado por Ella Frances Sanders. Se trata de un compendio de expresiones curiosas de todas partes del mundo y es de esas epifanías que uno se encuentra y tiene que poseer irremediablemente. Tan deleitoso fue el descubrimiento que no estuvo exento de una gran dosis de envidia: ¿por qué no se me ocurrió a mí la idea? Trivia que no sirve más que para el azoro y para demostrar que el lenguaje revela mundos y formas de entenderlos: ¿qué significa en Alemania la expresión “ver crecer los rábanos desde abajo”, o el dicho rumano “sacar a alguien de sus sandías”, o la frase tibetana “dar una respuesta verde a una pregunta azul”? Muchas de esas explicaciones las leí y ya las olvidé (ya he hablado también de mi mala memoria). Tampoco recuerdo la última vez que —como me pasó con éste— quise literalmente abrazar el libro como si fuera un talismán o un juguete muy querido de la infancia.
Lo más emocionante de todo: tres de estos cuatro volúmenes me siguen esperando junto a la cama fielmente, sin que les importe mi abandono ni mi promiscuidad. Además, caigo en la cuenta de que gran parte de mis libros este año fueron regalos llenos de cariño o pasiones a primera vista. No puedo más que agradecerlo y esperar con ansia los textos que me marcarán en 2026.

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